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Principio Escuela de Investigación Programación De Ciénaga al plan Colombia, consolidación del capitalismo criminal

De Ciénaga al plan Colombia, consolidación del capitalismo criminal

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mirando“Los heridos son rematados con las bayonetas. Ni el llanto ni la imploración, ni el correr de la sangre conmueve a estas hienas humanas...Los muertos son luego transportados en camiones para arrojarlos al mar y otros son enterrados en fosas previamente abiertas. Pero digo mal: se entierra no solo a los muertos, se entierra también a los vivos que estaban heridos. No basta la imploración para que no se les entierre vivos. Estos monstruos ebrios de sangre, estos fugados de la selva, no tienen compasión. Para ellos la humanidad no existe. Existe solo la necesidad de complacer al oro americano ”


El sistema capitalista se ha consolidado rápidamente, gracias a la súperexplotación de la mano de obra de los obreros y campesinos, y al saqueo de los recursos naturales, principalmente en aquellos países considerados como periféricos, también llamados tercermundistas. Sin embargo no solo a partir de estos dos elementos se ha basado dicho crecimiento, ha sido necesaria la muerte de millones de personas, el despojo de sus tierras y tantas otras prácticas criminales que permiten que hoy unos pocos disfruten de las ganancias generadas por esta masa trabajadora. En este documento se pretende plantear y desarrollar la idea del avance capitalista a partir de la muerte y explotación de los obreros, basándose en lo que históricamente ha sucedido con la United Fruit Company, ahora Chiquita Brands International, tanto en Colombia como en otras partes del continente.

El desarrollo del sistema capitalista en Colombia se comprende en un escenario de tradición militarista heredada del siglo XIX, prolongada a la República señorial y que dio como resultado la tardía modernización del país, esta acompañada del poder hacendatario, el gamonalismo, el clientelismo y el anticomunismo que utilizó la violencia sistemáticamente.

El origen de la clase obrera colombiana se remonta a finales del siglo XIX, producto de la descomposición del artesanado de mediados del siglo y de la ruina del campesinado pobre y medio, y por el ingreso del país al sistema capitalista de carácter mercantil y posteriormente con el surgimiento del imperialismo. Las guerras civiles desatadas por la burguesía tradicional en la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del siglo XX condujeron a miles de colombianos a la miseria y agudizaron las diferencias sociales entre la minoría de caudillos ricos y la gran masa mísera de pueblo que participó ya sea como carne de cañón en la guerra o se levantó para defender sus derechos. La naciente clase obrera no surgió a la manera clásica europea, en las ciudades, sino que nació a lo largo de los tendidos de las líneas del ferrocarril, la construcción de las vías y la creación de los puertos fluviales y marítimos, todo esto como necesidad de sentar las bases para la economía de exportación e importación ya no a la manera del capitalismo de libre concurrencia sino al del imperialismo.

La población colombiana a inicios del siglo XX era de aproximadamente 4 millones de habitantes y el 85% estaba en las zonas rurales, después de la guerra de los mil días durante el gobierno de Rafael Reyes (1904-1909) se dio un impulso a la penetración de capital extranjero con la firme alianza de los terratenientes, este capital se concentra en la creación de enclaves en diferentes zonas del país, cuyo centro de gravitación se encontraba principalmente en el sector primario y en la explotación petrolera, en el primer caso con la United Fruit Company y en el segundo con la presencia de la Tropical Oil Company, ambas de origen Estadounidense., con lo cual se consolidó el control de Colombia por parte de EEUU y la derrota del imperio Ingles.

Precisamente fue en estos dos enclaves extranjeros donde se dio el primer embrión de la clase obrera y de las primeras luchas en contra del capital extranjero, sin embargo, es necesario mencionar que las primeras huelgas registradas en el país fueron las del Ferrocarril de Pacífico en Noviembre 2 de 1878 y la del Canal de Panamá en enero 31 de 1884, las dos por alza de salarios, para el año de 1919 se dan una serie de huelgas de gran capacidad por parte de los obreros de la confección y del sector minero de compañías Inglesas, así mismo se dan importantes luchas campesinas en la región del Sinú, que dejo a la mayoría de activistas presos y algunos muertos. Los obreros de la Tropical Oil Company en Barrancabermeja enfrentaron a los patronos y al gobierno con miras a consolidar un movimiento de características clasista y reivindicativo, la respuesta del gobierno fue la criminalización de la protesta al promulgar el decreto 707 de abril de 1927 que restringió todas las libertades democráticas.


El 12 de noviembre de 1928 uno de los sindicatos que funcionaba en la región del Magdalena lanzó la huelga para presionar la solución de un pliego de nueve puntos, este pliego fue presentado a la United Fruit Company, el cual comenzaba con tres puntos que llamaban al cumplimiento de leyes colombianas sobre el seguro colectivo y obligatorio para los trabajadores, accidentes de trabajo y habitaciones higiénicas. Luego se exigía aumento salarial del 50 por ciento, cesación de los comisariatos y de préstamos por vales, pago semanal, contratación colectiva y establecimiento de más hospitales.

Las condiciones que se presentaban en este escenario hacían pensar que gracias a la fuerza y a la combatividad del sindicato, sus familias y la comunidad que acompañaban estas exigencias y huelgas sería exitoso el pliego y que se fortalecería el movimiento popular en la zona, que el avance de la construcción del modelo de desarrollo distinto planteado por las comunidades se acercaba cada vez más.


Pero nada de esto sucedió, la determinación del Estado y la multinacional cambiaria el rumbo del destino de todas estas personas que fijaban muchas de sus esperanzas en estas instancias de la historia del país. Esta forma de resolución de conflictos marcó un paradigma, ya que a partir de esta masacre los empresarios y la oligarquía se han valido de la fuerza y la eliminación del contrario como forma de solucionar sus problemas. La gerencia local de la U.F.C aceptó a medias los puntos de los vales y del pago semanal. El resto lo consideró "ilegal" o imposible de conceder. En esas condiciones el clima laboral se deterioró y los trabajadores realizaron mítines permanentes, bloqueos de la vía ferroviaria y saboteos a las líneas telegráficas. Como el conflicto no se resolvía decidieron concentrarse en Ciénaga, aunque dejaron piquetes de huelguistas por toda la zona.


En la noche del 5 de diciembre se murmuraba que el gobernador del Magdalena iría a entrevistarse con los trabajadores para buscar solución al paro, pero este nunca llegó. Por su parte el gobierno nacional expidió el Decreto Legislativo No. 1 que declaraba el estado de sitio en la zona por turbación del orden público y designaba al general Carlos Cortés Vargas jefe civil y militar de la misma. Éste, una vez recibió el esperado decreto se posesionó a la carrera y expidió a las 11 y media de la noche el decreto No. 1 que ordenaba disolver "toda reunión mayor de tres individuos" y amenazaba con disparar "sobre la multitud si fuera el caso". En consecuencia, a la 1 y media de la madrugada del 6 de diciembre formó a la tropa delante de los concentrados en Ciénaga. Luego de leer los respectivos decretos y de conminar a la multitud a retirarse, dio un plazo de cinco minutos que prolongó por uno más. La cifra de muertos es aún materia de debate, mientras el general Cortes Vargas hablaba de nueve muertos, un informe del departamento de Estado afirmaba que esta cifra superaba los mil, algunos de los sobrevivientes, como el destacado dirigente obrero Raúl Eduardo Mahecha habló de unos tres mil hombres, mujeres y niños asesinados a mansalva.


Este hecho macabro que constituye un verdadero holocausto en la historia del país es determinante, ya que a partir de la denominada “masacre de las bananeras”, se determina el accionar del capital extranjero en el territorio nacional, así como la intromisión por parte de los EEUU en diferentes asuntos, que van desde lo económico, pasando por lo político y lo militar; precisamente en el año de 1930 sube al poder Enrique Olaya Herrera como representante de los intereses Estadounienses que un día después de su posesión se instaló en Colombia la Misión Kenmerer que significó: nuevos impuestos, reducción de salarios, reforzamiento de monopolios y la instalación de nuevos capitales foráneos; y políticas de concesiones nacionales, con Olaya se inicia un nuevo ascenso de la Burguesía Burocrática que se refleja en la expedición de la Ley 99 de 1931 el cual es el punto de partida para el Estado intervencionista, el cierre de aduanas y el impulso de la inversión de capital extranjero industrial obligan a este a llevar a cabo una legislación laboral. Es así como se da paso al desarrollismo que iría hasta mediados de la década de los 70, cuando llega al poder Alfonso López Michelsen.


Sin embargo, en este periodo se desata una feroz guerra contra el pueblo colombiano, a partir de la muerte del caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán, quien fuera el principal abanderado en la denuncia de la masacre ocurrida en Cienaga, este periodo que va de 1948 hasta 1953 es conocido como “la violencia”, lo que no quiere decir que la violencia haya cesado, en este tiempo fueron asesinados alrededor de trescientos mil personas, dos millones de campesinos fueron despojados de sus tierras y se crea un nuevo escenario en lo territorial, cultural y económico para el país. Al tiempo que reacomodo la producción agrícola a los requerimientos del sistema, proveyendo así mano de obra barata y abundante para la construcción de la infraestructura para la exportación y de las grandes urbes.


Luego entre 1958 a 1974 se da el pacto de las elites burocráticas y burguesas conocido como el Frente Nacional, así nuevamente apareció el presidencialismo como forma de garantizar el control de la sociedad, la represión de todas las formas de protesta popular y la consolidación del sistema capitalista y el papel de Colombia como proveedor de materias primas para los países centrales, especialmente Estados Unidos. Para poder controlar las revueltas, huelgas y diferentes manifestaciones alrededor de temas tan álgidos como la reforma agraria, las reivindicaciones indígenas, y las luchas por los servicios públicos; fue necesario el aumento desmesurado del pie de fuerza estatal y paraestatal. Empiezan a darse las desapariciones, torturas y asesinatos selectivos de dirigentes populares y sindicales, así mismo se abolieron todas las libertades y derechos fundamentales.


En este mismo sentido se crean los ejércitos paramilitares en 1962, asumiendo las “recomendaciones” emitidas en el informe del general Estadounidense Yarborough, director de de investigaciones de la Escuela de Guerra Especial de Fort Brag, pocos años después el gobierno de Guillermo León Valencia mediante el decreto 3398 y oficializado con la ley 48 de 1968 legalizó estos grupos, que valga la pena mencionar tienen sus orígenes en los llamados “Chulavitas” o “Pájaros”, ejércitos irregulares creados por el conservatismo para perseguir a los seguidores del partido liberal, luego de la muerte de Gaitán.
Así mismo el movimiento obrero se vio avocado a tomar unas nuevas iniciativas, táctica y estrategia parar poder enfrentar este nuevo reto. Los inicios de este periodo del sindicalismo clasista se pueden ubicar en la posición democrática y revolucionaria del Frente Unido dirigido por Camilo Torres que logró ser el polo de atracción, en 1964, y que posteriormente se concentra alrededor de los bloques sindicales e intersindicales.


Una vez más los Estados Unidos determinan el futuro del país y de la sociedad, para el año de 1974 se da en Colombia la misión Mckinon, encabezada por Ronald Mckinon, un intelectual que estuvo en el país realizando un diagnóstico de la situación social y económica y dictaminó toda una estrategia de cambios estructurales en materia económica, política y social. Es así como el nuevo presidente, Alfonso López acogió la totalidad de dichas “recomendaciones”. Sumado a ello se establece una nueva alianza por arriba, empresarios tradicionales, burguesía burocrática, militares y narcotraficantes determinan una nueva base económica en el país. La financiarización de la economía que integró los dineros del narcotráfico en la acumulación privada. Esta reforma financiera amplió el juego de los bancos al tiempo de la quiebra de industrias, financistas y empresarios, lo cual fue el escenario para que estos acudieran al dinero del narcotráfico como único salvavidas para la crisis que afrontaban, dando espacio para la monopolización financiera y el control total por ramas de la economía por parte de gigantes conglomerados extranjeros.


López Michelsen había llegado a la presidencia con un discurso progresista, teniendo en cuenta sus antecedentes en las juventudes del Movimiento Revolucionario Liberal-MRL- lo cual llevo a muchas organizaciones sociales a respaldarlo, al tiempo de cifrar sus esperanzas en transformaciones que favorecieran la clase trabajadora, campesina y despojada. Dicha esperanza fue traicionada, y por el contrario se dio una feroz persecución contra los dirigentes y activistas de los diferentes movimientos sociales. Lo sucedido en el paro de septiembre de 1997 ratifica dicha afirmación. Una protesta que inició por el aumento desmesurado del desempleo, la caída de los salarios, el no pago oportuno, el incremento de la pobreza, la precarización de la vida y la falta de garantías democráticas. Esta fue fuertemente reprimida por las fuerzas militares a órdenes del presidente de la república., desapariciones, asesinatos selectivos y torturas sobrevinieron a dicha protesta., a partir de allí se origina la nueva generación de paramilitares, sin embargo, dicho levantamiento no significó la derrota de la clase obrera, gracias este movimiento se dieron acercamientos entre las organizaciones sindicales más clasistas que daría como resultado en 1986 con la creación de la Central Unitaria de los Trabajadores- CUT-., los campesinos se dieron a la tarea de la reconstrucción de la Asociación de Usuarios Campesinos –ANUC-, se crea la Organización Nacional Indígena de Colombia –ONIC-, incluso la guerrilla creó una coordinadora que permitió unidad de acción.


Las dos últimas décadas del siglo anterior presenciaron un aumento sin precedentes del pie de fuerza, así como el aumento indiscriminado del presupuesto para la guerra, en el periodo comprendido entre 1985 y 1995 dicho aumento paso de tener 165.000 personas a tener 303.000, todo este ejército para reprimir las protestas sociales y contrarrestar el avance de las fuerzas sociales, al tiempo de desdibujar el papel de las organizaciones sociales, el concepto de insurgencia y subversión y darle paso a la eliminación de todo factor desestabilizante del orden establecido.


La década de los 90 presento de nuevo una esperanza para el pueblo colombiano, a raíz de la desmovilización de varios grupos guerrilleros, entre los que se destacan el M-19 y el Quintín Lame, dio origen a los acuerdos de plataforma de una nueva constitución. En ella debieran estar plasmados los derechos fundamentales y la recuperación de las garantías democráticas que se habían perdido en las décadas anteriores, pero sucedió todo lo contrario, una vez más la clase obrera fue engañada, por vía de esta constitución se implanto en el país la apertura económica. Que dio al traste con la pérdida de derechos fundamentales como la salud, educación, vivienda…con ello se ve frustrada la esperanza de construir un nuevo orden, donde la clase obrera, campesinos, indígenas y olvidados del sistema puedan escribir su historia. Así de nuevo la arremetida estatal contra el movimiento social no se hace esperar, esta es quizá la década de mayor exacerbación de la guerra sucia contra el pueblo Colombiano, en el año de 1996, los ejércitos paramilitares consolidaron su poderío, gracias al apoyo irrestricto de las fuerzas militares y en general del aparato estatal.


Una de las zonas donde se da mayor aumento de la guerra contra los sindicatos y movimientos sociales es el Urabá, zona donde la Chiquita Brands se estableció luego de la masacre de las bananeras, después de pasar por llamarse United brands, se denominó Chiquita Brands International. Pero como dice el adagio popular, “aunque la mona se vista de seda mona se queda”, así pasa con esta transnacional, no bastó con lo sucedido en Ciénaga, esta transnacional ha estado implicada en graves violaciones a los Derechos Humanos, Invasiones y otras prácticas muy poco éticas, algunos ejemplos son, a saber: En 1941, barcos de la United Fruit Company transportaron material bélico para la segunda guerra mundial; en 1954 se emplearon barcos de esta compañía para el derrocamiento del gobierno de Guatemala; en 1961 barcos de la compañía transportan tropa y armamento para la fallida invasión a Cuba por parte de los Estados Unidos; la nueva compañía la United Brands se ve envuelta en un gran escándalo en Honduras por soborno, lo que condujo a que Estados Unidos promulgara la ley de prácticas corruptas en el exterior. El presidente ejecutivo Eli Black se suicidó.


Volviendo a la década de los 90 en Colombia, la Chiquita hace de las suyas primero participa en un plan perverso para consolidar el dominio paramilitar en la zona. Los ojos del Estado, de las multinacionales y de los paramilitares se enfocaron hacia allí y en una alianza siniestra que llamaron “plan Retorno” que no era otra cosa que la salida militar al conflicto, pero más que una salida militar se trato de la consolidación de todo un proyecto de “desarrollo” basado en el terror y la miseria. El control de esta región por parte de los grupos armados dejo alrededor de 1200 personas asesinadas entre ellas 42 mujeres que fueron violadas y torturadas antes de ser ejecutadas; no bastó con ello, y en un acto de soberbia esta empresa patrocinó a los paramilitares con dineros y armamento. El Tribunal Permanente de los pueblos, que sesionó en Colombia durante tres años declara:


“En el caso de la transnacional Chiquita Brands, la relación entre empresa y paramilitarismo es más evidente, ya que fueron presentadas pruebas de que dicha empresa ha dado significativos aportes financieros a grupos paramilitares y en 2001 transportó 3000 fusiles AK 47 y cinco millones de proyectiles con destino a grupos paramilitares en Córdoba y Urabá, autores de varios miles de crímenes horrendos en dicha zona. Según las acusaciones, ningún proceso penal o disciplinario adelantado por las autoridades ha producido efecto, permaneciendo todos estos crímenes y procedimientos en absoluta impunidad. Por el contrario, quienes denuncian estas acciones criminales son judicializados, pasando de acusadores a acusados. En resumen, el terror laboral impuesto en Colombia por el Estado y las multinacionales, combina, para lograr sus fines, estrategias legales e ilegales.”


Las condiciones implementadas por la vía sangrienta han reconfigurado el país en diferentes materias, es así como la nueva legislación permite todo tipo de violaciones a la dignidad de los obreros y excluidos del sistema. El caso de los corteros de caña es ejemplificante, vemos como estos compatriotas se han convertido en los nuevos esclavos del sistema; reciben ingresos miserables, que oscilan entre 150 y 300 dólares estadounidenses mensualmente, laborando entre 12 y 16 horas diarias; no tienen derecho a vacaciones, cesantías, prestaciones sociales ni seguridad social cubierta por los patronos y pagan su dotación y herramientas. Mientras tanto los empresarios se jactan a la hora de dar las cifras de sus ganancias., El sector registró en el 2007 utilidades netas por $ 148.000 millones de pesos.


La caña para exportar y sus derivados son entregados a una comercializadora cuyos dueños son los grandes propietarios de los cultivos y los ingenios, llamada Ciamsa, que, así mismo provee a los dueños de los ingenios de insumos para los cultivos. Esta comercializadora incrementó su utilidad operacional entre 2005 y 2006 más de 1.000%.


El plan Colombia ha sido caracterizado como un plan de consolidación de la dominación oligarquía- financiero- terrateniente- transnacional, a lo que hay que sumarle el modelo mafioso encarnado en los narcoparamilitares, así la historia se repite, esta ciencia, para muchos aburrida e innecesaria nos da una lección bastante cruel, en Colombia como en muchas otras partes el sistema capitalista se ha basado en la muerte, la desolación, el arrasamiento, el saqueo y la explotación para poder existir, la historia también nos muestra como a pesar del poderío económico y militar del sistema, las ideas del humanismo y el respeto por la madre naturaleza también subsisten, ante la fascistización de esta sociedad, que condena a quien roba una cartera, pero que guarda un silencio cómplice con quienes masacran a cientos de miles de campesinos, indígenas y obreros, se antepone otra visión, la visión de nuestros ancestros, la concepción de un mundo diferente, donde no sea precisos asesinar a miles para que diez vivan bien, donde no sea necesario destruir el entorno para poder satisfacer los caprichos de alguna niña en el norte de América, o de Bogotá, donde rescatemos los valores, la ética y los principios del hombre nuevo como paradigma de la creación de un nuevo mundo. En ello avanza el conflicto de los cañeros en el Valle del Cauca, las diferentes manifestaciones de dignidad en el territorio nacional, pero donde la miga de los pueblos ancestrales marca el camino del nuevo amanecer de nuestra patria Colombia.

WILLIAM GUZMAN APONTE. Investigador Social
Observatorio Social de Empresas Transnacionales, Megaproyectos y Derechos Humanos

Actualizado ( Jueves, 05 de Marzo de 2009 22:50 )  

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